Amor incondicional no implica decir que sí a todo
Cuando piensas en amor incondicional, ¿en qué tipo de amor piensas?
Seguramente muchas personas piensan en el de una madre: ese que te espera siempre con los brazos abiertos, que pase lo que pase va a estar ahí. (Puntualicemos: la mayoría de madres — sé que no todas las personas tienen esa suerte)
Yo a mi madre no la cambiaría por nada del mundo. Y el otro día, mientras leía mi libro —es una de mis lectoras cero—, me dijo algo que se me quedó grabado:
«Yo ahora, si volviera atrás, me hubiera ido de viaje muchas Nocheviejas.»
Se quedó un segundo callada y siguió:
—No me arrepiento de haberlas pasado con vosotros. Pero, ¿por qué renunciar a pasarla con mis amigos cuando erais mayores, si ya compartíamos Navidad y tantos otros días? No sé hasta cuándo la salud me va a aguantar para poder viajar. Vosotros, cuando erais más jóvenes, pasabais la Nochevieja fuera, y no pasaba nada. No sé por qué yo no pensaba igual. Que pasara la Nochevieja con vosotros no significaba que os quisiera ni más ni menos.
Esa frase se me quedó dando vueltas.
Porque cuando era más joven, cenaba con mis padres y luego me iba de fiesta, siempre pensé que mis padres se quedaban en casa porque querían. Nunca hasta ahora se me había ocurrido que hubiera sido de otra manera.
Ojalá me lo hubieras dicho antes, mamá. Ojalá hubieras podido pasar más Nocheviejas fuera, aunque sé que no te arrepientes de los momentos que sí viviste con nosotros.
¿Qué hubiera tenido que pasar para que ella hiciera lo que de verdad quería?
Comunicarlo, sí. Pero puede que, incluso contándonoslo, se hubiera sentido mal — porque somos sus hijos, y «por los hijos se hace cualquier cosa», o eso nos han hecho creer.
Mi madre, ahora, con perspectiva, es consciente de que los límites y los espacios de cada uno son necesarios. Incluso queriendo a alguien con locura. Sobre todo queriendo a alguien con locura.
Y esto no habla solo de mi madre. Habla de algo que veo constantemente, tanto en consulta como fuera de ella: confundimos el amor incondicional con la disponibilidad incondicional. Con estar siempre, decir siempre que sí, no pedir nunca nada a cambio.
Pero querer a alguien sin condiciones significa poder decir «esto no», sin que eso reduzca ni un gramo lo que sientes.
Mi madre tardó décadas en decir en voz alta lo que llevaba dentro. Y lo dijo, además, como quien pide perdón por haberlo pensado.
Ojalá no tengamos que esperar tanto.
Ojalá entendamos antes que poner un límite no es querer menos.
Es, casi siempre, la forma más honesta de seguir queriendo bien.
¿Te reconoces en lo que has leído?
A veces poner palabras a lo que nos ocurre es el primer paso para empezar a cambiarlo.
Si quieres explorarlo con más calma, puedo acompañarte.